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Diabolo Sobre todo la buena amistad

Andres Calamaro


Cuando Andrés cumplió ocho años pidió de regalo un acordeón, y más tarde un tambor (después de golpear los parches en casa de unos vecinos en el downtown de Buenos Aires). Sin embargo, con el tiempo, se fue volcando a la guitarra eléctrica y al piano, el instrumento donde muestra mayor fluidez y versatilidad.

Años después, pescando tiburones en Uruguay, Andrés escucho su primera oferta de trabajo, un grupo musical, ya en sus horas bajas, necesitaba un reemplazo en los teclados, y fue entonces cuando nuestro jovencísimo Andrés salió a las carreteras por primera vez.
Un tiempo después, tejió su futuro propio, y fue a una audición para entrar en el grupo Raíces, y entre los gritos del Mundial de fútbol, y los tambores del candombe, dió sus primeros pasos en el latin jazz y fue detenido por la policía de la dictadura. Era invierno.

Probó suerte en boites, con The Platters, tocó con integrantes de una secta religiosa, y allá donde pudiera sentarse a tocar un teclado, hasta que, en los primeros meses de la década del ochenta, recibió la llamada que cambiaría su destino, era Miguel Abuelo recién llegado de la isla de Ibiza.

Con Los Abuelos de la Nada encontró su lugar, tan deseado, en el olimpo criollo del rock argentino, eran los primeros años ochenta. Los Abuelos era un combinado de poesía, funky, carretera y armonías, formado por seis músicos de curtido talento y personalidad, entre los cuales estaban el productor y bajista Cachorro López, el cantor de tangos Daniel Melingo y el, ya mencionado, Abuelo...
Promediando la década, y con dos discos en solitario publicados, Los Abuelos de la Nada de disuelven y Andrés sigue asiduo a los estudios de grabación, con una prometedora carrera de producción musical, que incluye el disco que consagró a Los Fabulosos Cadillac, entre otras grabaciones realizadas entre Buenos Aires y México.

Conduciendo su propio programa de radio, conoce a Ariel Rot y conforman una sociedad musical para grabar, entonces, dos discos solitarios de Andrés y salir a las carreteras de Argentonia. Eligen intentarlo en España y refundarse como Los Rodríguez, con el recordado Julián Infante, el igualmente querido Guillermo Martín, y un baterista de apellido Dukakis.

 
Discografía
 

Estos son los discos editados por Calamaro en solitario:

Hotel Calamaro
Vida cruel
Por mirarte
Nadie sale vivo de aquí
Grabaciones encontradas volumen uno
Caballos salvajes (banda sonora)
Grabaciones encontradas (dos)
Alta suciedad
Honestidad brutal
El salmón
El cantante
Tinta roja
El regreso
Made in Argentina (Dvd)
El Palacio de las Flores

Como integrante de Raíces, Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez,
grabó los siguientes discos:

B.O.V. Dombe (con Raíces)
Los Abuelos de la Nada (con Abuelos de la Nada)
Vasos y besos (con Abuelos de la Nada)
Himno de mi corazón (con Abuelos de la Nada)
En el Ópera (con Abuelos de la Nada)
Buena suerte (con Los Rodríguez)
Disco Pirata (con Los Rodríguez)
Sin documentos (con Los Rodríguez)
Palabras más, palabras menos (con Los Rodríguez)
Hasta luego (con Los Rodríguez)

Y también tiene un numero incalculable de colaboraciones, featurings y producciones, con artistas de la talla de Sabina, Extremoduro, Raimundo Amador, Niño Josele, Javier Limón, Jerry González, Fito Páez, Spinetta, Fabulosos Cadillac, Gabinete Caligari, Jaime Urrutia, Rosario, y otros muchos más.
Grabó y produjo, con distinta suerte, en Chile, México, España, Paraguay y Argentina; y escribió bandas sonoras para películas de David Trueba, Marcelo Piñeiro y Mariano Galperín.

En 1999 fue artista invitado de Bob Dylan en una gira de 12 conciertos por España.
En el año 2000, después de publicar el quíntuple álbum, “El salmón”, se concentró en sus revoluciones musicales internas, experimentando con las corrientes y meditando el futuro de la industria musical y de los formatos físicos y virtuales...
Se volcó en la composición, y firmó una obra de cerca de mil canciones, algunas firmadas con los poetas Marcelo Scornik y Jorge Larrosa, la gran mayoría de las cuales sigue inédita. Calamaro puso a disposición del público cerca de un centenar de canciones en Radio Salmón Vaticano, su museo sonoro en internet, y filtró un importante número de inéditos a las páginas no oficiales para los coleccionistas.

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