Viajando por ti (XXI)
Cuando transcurre el tiempo, uno ve con mejor claridad lo que pasó en tu vida. Creo que ahora haciendo una retrospectiva de esta relación, ella era en ese momento mucho más madura y decidida que yo. O tal vez ella estaba en un punto de su vida donde no soportaba su soledad, y de alguna manera me volví en ella su adicción y la salida a su aburrimiento.
Por mi parte nunca había tenido una relación de este tipo y peor sabía cuáles eran los límites y hasta donde podíamos llegar. Al principio lo tomaba como algo pasajero y hasta como un juego, pero pasaba el tiempo y nacían nuevos retos. Cada nuevo día se afincaba la relación de amistad, con pequeños detalles y algunas promesas.
A donde viajaba me permitía llamarle o dejarle mensajes y sin querer yo también estaba en el camino de depender de ella. Meditando hoy, me doy cuenta que ella sabía muy bien a donde quería llegar, mientras yo parecía perdido de donde me llevaría todo esto. Si bien tenía claro que éramos amigos y ella también, nos perdíamos fácilmente en tratarnos de esa forma y más bien éramos como dos adictos el uno hacia el otro.
Yo supuestamente tenía experiencia de vida y algo conocía a las mujeres y como demuestran sus sentimientos. Ella me quería de amigo y tal vez hasta de algo más que amigo. Pero nunca podría haberme imaginado que esta relación iba a prosperar hasta límites insospechados. La distancia es algo más que real y eso no era todo, una mujer es a mi parecer y puedo equivocarme, menos arriesgada y menos decida que el hombre. Y en ella había que multiplicarlo por cien, puesto que estaba en un país extraño, un marido casi extraño y con hijos. Dependiendo en todo de terceras personas, y arriesgarse a una segunda relación era algo que para mí, lo consideraba inaudito y hasta algo de mucha fantasía.
Es fácil suponer lo que digo, pónganse un rato en la vida de ella, que absolutamente no era malo para nada. Tenía todo lo normal, una vida apacible, un esposo que me imagino no era todo lo mejor, pero era el típico hombre, además de hijos, trabajo y amigos. No podía sospechar por donde podíamos tener algún otro tipo de relación. No le hallaba motivo para estar tan mal. Y a esto hay que sumarle la distancia, mi trabajo y mi vida, lo que hacía sinceramente un imposible de solo pensarlo.
Pero como decía antes nacían nuevos retos, Y de “vernos” entre semana, ya nos citábamos también los fines de semana y de chatear de lunes a viernes, ya pasamos hacerlo los sábados o domingos como algo natural. Yo estaba con pareja, que si bien no era algo serio, pero tenía una relación, y sino la descuidaba todavía, estaba muy próximo hacerlo.
Para ser más grafico nuestra conversaciones, lo hacíamos desde las 8am hasta las 4pm, es decir un horario completo de oficina, con las excepciones propias del trabajo, tanto de ella como de mí. Mejor dicho si nos hubieran pagado por conversar hubiéramos cobrado el doble de sueldo. Porque aunque no descuidábamos nuestra responsbilidad laboral, teníamos el mismo tiempo para conversar. Y claro de alguna manera ya pasamos a otra etapa de citarnos, ya no era el típico día en que ambos trabajábamos, se sumaron los fines de semana.
Continuará ...