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Diabolo Sobre todo la buena amistad

Cuando hablan las miradas

Diabolo
Cuando hablan las miradas

Muchas veces me tocaba viajar por mi trabajo a ciudades que nunca había conocido. Pero como ya tenía cierta experiencia en lugares nuevos, sabia la rutina perfecta para sobrevivir de la mejor forma. Pero siempre he sido observador, por seguridad sobre todo y porque lo aprendí en mi trabajo. Me fijaba mucho en quien me mira detenidamente. Y si  es el caso me lo quedo mirando también, para que se entere que estoy muy atento.

Y entrando en la terminal de autobuses, me dirigí rápidamente para adquirir un boleto que me llevaría a mi ciudad destino de trabajo. Notaba unos ojos que se fijaban en mi, y que venían en dirección contraria a la mía, pero no era un sospechoso delincuente, era una mujer de estatura normal ni muy alta ni muy baja, pero con unos ojos muy vivaces como que decían más de lo que su lenguaje corporal transmitía.  De edad mediana, y con dos bellos acompañantes, una niña de unos cinco o seis años y uno niño de apenas año o año y medio de edad.  

Lo primero que note era una cierta ansiedad de la mujer, que se traducía en agarrar muy fuerte a los niños y tironearlos cuando caminaba. Bueno eso no era de extrañarse en una terminal de autobuses todo el mundo anda estresado, ya sea por salir lo más pronto posible o por haber llegado y abandonar rápidamente el lugar. Pero en realidad lo que hacía era dirigirse al baño rápidamente con sus mini acompañantes. Yo estaba parado sin apuro y tranquilo esperando mi salida, y de pronto vi que la mujer se paró a mi costado con los niños. Estaba esperando el mismo bus en el que yo viajaría.

Ya con los años de viajar y un poco de experiencia, sabía aprovisionarme de lo más necesario para un viaje de 8 horas, algo así como dos bebidas, gomas de mascar y uno que otro dulce, nada extraordinario, pero en mi maleta si tengo lo básico de útiles de aseo y algo de medicinas. Pero me causo un poco de curiosidad mirar que la mujer estaba con una maleta pequeña, que mas que maleta parecía donde las madres llevan los pañales y no tenía nada más de equipaje. Y lo sabía porque la niña que lo estaba cargando de vez en cuando fijaba su mirada en mi muy curiosa.

Antes de seguir con el cuento les explico porque soy así de fijón. Les decía que hago sistemas y lo primero que aprendí era hacer diagramas de flujo,  que no es más que detallar minuciosamente un proceso para luego automatizarle. Para explicarles aun mejor, cuando voy donde un cliente que quiere que algo se automatice, lo primero que hacemos es sentarnos a mirar cómo están trabajando y apuntar todo en un papel. Así de “cansado” es el primer día de trabajo.   

Me quede con la duda, pero había muchas respuestas para que puedan viajar de esa forma. Una de ellas, podía ser que su viaje era muy corto o cualquier otra posibilidad. Ya sentados estaban al frente mío pero un asiento más atrás, lo que si notaba claramente era que la niña no me quitaba los ojos de encima, y de vez en cuando me miraba con cierta extrañeza que no podía identificar que era. Comenzó el viaje y también las molestias del mismo, como el calor y el traqueteo propio de la carretera. Paso unas horas y la incomodidad de los niños se hizo evidente. Se notaba por el lloro del pequeño y la incomodidad de la niña propias de la inquietud.

Yo tenía sed, abrí mi agua para beber un poco, y de pronto sentí que los ojos de la niña se plantaban sobre mi bebida. Y lo más curioso fue que al regresar a verlos, los tres miraban lo mismo. Me sentí algo incomodo y  extrañado, pensé de inmediato que la mujer no tenía ni agua para los niños. Cada cierto trayecto los regresaba a mirar y se repetía las miradas entre mi agua o yo y los tres personajes. Cuando uno es padre, sabe muy bien lo molestoso que se ponen los hijos en un viaje, pero también se sabe que hay que llevar ciertas provisiones para ellos.

Si no les ofrecía agua, no me hubiera quedado tranquilo, y efectivamente regrese la mirada donde la mujer y le ofrecí una botella de agua para los niños. Me aceptó de inmediato y esa acción me dio confianza, no para preguntar, sino más bien para ayudar a los niños de alguna forma.  Me sentí satisfecho de haberlos ayudado en algo, y seguimos con el trayecto. Pero ya saben cómo son los niños, ellos si tienen hambre o sed simplemente lo hacen notar. Y la niña tenía hambre también, lo sabía de alguna forma, no me pregunten porque, funcionaba mi sexto sentido tal vez. Así que les ofrecí gomas de mascar y los dulces. El bus iba lleno pero mi puesto de compañero de viaje estaba aun vacio. Parecía que solo yo me había dado cuenta que los niños y la mujer estaban pasando hambre y sed y no sé qué más. Esa es la verdadera vida donde casi nadie vela por los demás. Nunca he podido comer delante de un hambriento y esta vez no sería diferente. Tenía mucha pena por los niños, pero sabía que yo tenía la solución para ese problema y eso me reconfortaba. 

Los niños se tranquilizaron con el botellón de agua y las gomas de mascar, la mujer también sonrió y me dio las gracias. Pero sabía que las molestias de los niños regresarían mas tarde. Se volvieron de repente mi curiosidad en el viaje, sobre todo porque la niña me miraba con mucha atención. Ya saben cómo son los niños, vivaces, despiertos, curiosos y sobre todo verídicos. De repente la niña se acercó donde estaba y directamente me pidió otra goma de mascar, sentí como una orden de mi hijo, exactamente igual. No hice más que obedecer la orden y automáticamente parecía que la niña tomó la confianza del caso, para el millón preguntas que se me avecinaba.     

Comenzó con cuál era mi nombre y el interrogatorio propio de un niño. Con algo de fortuna para mi, por fin se acabo sus interrogantes, Después empezó a contarme sobre ella, su hermano y cuando por ahí quería hablar algo de su madre, la mamá le decía que ya vaya a sentarse. Pero si algo he aprendido de los niños a esa edad, es que ellos ni se amilanan ni mienten. Lo que si lograba su madre era que cambie de nuevo su conversación. Yo me catalogo un buen conversador, pero la niña era un encanto. Me conversó desde futbol hasta las telenovelas, pasando por unas amigas malas que tenía. En una hora creo sabía toda su vida contada por ella mismo. Y lo único raro que notaba en ella, era que de raro no tenía nada. Ya entro en confianza y de ese estado ya no saldría hasta el fin del camino.

Sus padres eran separados, y se notaba la ausencia del padre, sin ser sicólogo sé que cuando eso pasa, a los hombres se nos mira con más curiosidad de parte de  las niñas. Y yo por mi parte nunca he tenido una hija, así que de alguna forma los dos estábamos en las mismas. Para su mamá fue un alivio liberarse de su hija por unos minutos, el niño pequeño estaba muy intranquilo y me imagino que con hambre, sed y sueño. Así que mientras la niña este ocupada, su madre podía ocuparse mucho mejor del pequeño. Se venía la próxima parada y como esta niña se adueño de mi tiempo y atención, lo único que pensaba era como poder ayudar a los niños ya su madre mientras dure nuestra aventura de viaje.

Apenas paro el autobús para recoger nuevos pasajes, baje pensando como un padre en los deseos de los hijos en el trayecto del viaje, si bien ya tenía algo de confianza de ella, nunca me mencionó sus necesidades. Al igual que yo bajo su madre y los niños para dirigirse a los baños y seguramente refrescarlos. Me dirigí a una tienda y compre lo que pensaba sería lo necesario para que mis acompañantes fortuitos se sintieran algo bien en el viaje. Cuando me acercaba al bus nuevamente para embarcarme, confirme mis sospechas que las tenía en el fondo de mi cabeza. Su madre no compró nada en lo absoluto, lo único que había hecho es llenar el botellón de agua, refrescarlos y subirlos nuevamente al bus. Pero como ya estaba prevenido, lo único que hice es abrir la funda y repartirles gaseosas, unos caramelos y algo de comer para los tres. La  mujer me miro no tan extrañada, pero si notaba que le daba pena que la mire así. He aprendido de la vida y sé que esos momentos es mejor no tomar mayor atención y hacer como que no pasa nada y seguir en lo de cada cual. Pero mi nueva compañera de viaje adquirió mayor fuerza para repreguntar y seguir en sus cuentos de vida. Por minutos sentía que su atención se centraba en la forma que hablaba, me parecía que algo le parecía interesante o extraño no sé. Hasta que me pregunto si tengo hijas y le dije que no, pero que si tenía hijos. Y la niña dijo de la manera más tranquila y casi sin afectarle el tema. “Yo no tengo papá, pero hubiera querido que sea como tú”.

Enmudecí por unos segundos, al oír esas palabras, sentí el mismo halago como cuando un  gerente de una empresa, me dice muy buen trabajo. Lo único que me supongo hice, fue sonreír y acariciar su cabeza con mi mano por un segundo. Su madre me miraba sonreída y parecía decir en su pensamiento “que loca que es mi hija”. Fue un momento simpático y dulce. Me alegre por muchas razones, lo primero que eran unos niños normales, inteligentes y lo que estaban pasando parecía solo algo fortuito de la vida. Y lo segundo porque me hizo acuerdo que para ser papá, no hace falta un titulo, solo ser una buena persona y saber entender que los niños son otro mundo y que ellos no deben meterse en nuestro mundo, sino nosotros en el mundo de ellos.

Nunca fue mi interés saber que estaba pasando en la vida de esta linda familia,  y tal vez si hubiera querido saberlo, pero respete el silencio de su madre. Llegando a nuestro destino, me dio mucha satisfacción saber que llegaron bien y tranquilos. Al bajar primero del autobús, tome la mano de la madre para ayudarle a descender, al igual que de la niña, Su madre me dio las gracias con su habitual sonrisa penosa y la niña me dio un beso, que fue de lo más espontaneo, tanto así que me sorprendió y le devolví en su mejilla. Me sentí como que hubiera ganado una batalla y la gané propiamente. Era la batalla contra el desinterés entre seres humanos. 

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Comentarios
S
<br /> Me hizo acuerdo que para ser papá, no hace falta un titulo, solo ser una buena<br /> persona y saber entender que los niños son otro mundo y que ellos no deben meterse en nuestro mundo, sino nosotros en el mundo de ellos.<br /> <br /> <br /> Pues no siempre es asi, muchos niños incursionan en el mundo de los adultos, ya sean inducidos por estos o por circunstancias de la vida de<br /> los adultos, en la que arrastran a sus hijos a vivir experiencias que aun no les corresponde vivir y por consecuencia madurar prematuramente, para enfrentarse a un mundo gobernado de gente<br /> adulta.<br /> <br /> <br /> Creo que todos de alguna manera cometemos errores de este tipo, no se nesecita tener un titulo para ser padre, eso es cierto, pero no basta<br /> con ser buena gente, debemos aprender los mayores a tener mas conciencia sobre el verdadero valor de ser un niñ@ y creo que mucha gente si deberia prepararse en la vida para ser padre o<br /> madre.<br /> <br /> <br /> Muy linda tu historia, me robo un par de lagrimas por esa sensibilidad tuya para narrar cosas que se ven y se viven a diario, de una manera tan sensilla pero<br /> profunda...♥<br />
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