Otra vez perdí mi cama
Hace mucho, mucho tiempo atrás cuando la juventud mezcla las emociones e ilusiones con una pisca de adrenalina. El buen sentido y la prudencia van desapareciendo de a poco y aparece solamente la calentura de los momentos por vivir. Justo en esos instantes mi sangre compulsiva me llevaba de la mano para adquirir cosas y más cosas así no las necesite. Y el hecho de deambular de ciudad en ciudad por mi trabajo no hacía más que volverme un comprador compulsivo. Y de a poco el mismo hecho de trasladarse de un lugar a otro iba mermando el afecto por tus enseres. Hasta el punto que ya no los ves como...