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Diabolo Sobre todo la buena amistad

Un asalto cariñoso

Diabolo
Un asalto cariñoso

Era el final de mis vacaciones  y por lo general me considero algo mochilero, claro, distanciándome un poco, porque si voy con dinero y con destino. Pero sigamos la historia, me encontraba en un terminal de autobuses ya con la nostalgia y la alegría del fin de las vacaciones. Nostalgia porque pase unos días muy lindos y tranquilos, además estar en otras tierras siempre será diferente. Y alegría porque así sea de vuelta me gusta viajar y sobre todo encontrarme de nuevo con mi familia. Siempre en los regresos no haces más que repasar tus recueros del viaje y si es el caso sonreír o brotar una lagrima de lo que viviste. Bueno es un contra punto de sensaciones que todos la vivimos.

Y retomando mi historia, llegando al terminal después un viaje largo y pesado de toda una noche en un bus, bajaba por las escaleras así con algo de sueño y aun aletargado para tomar otro autobús hacia la frontera con mi país,  Abandonando el bus, justo bajando el último peldaño note que un personaje me abrazaba como cuando algún familiar te recibe del viaje. Lo raro era que no tenía ni familia, ni amigos que me reciban. Pero de todas formas, lo mire bien por si acaso sea un amigo que me lo tope por azar. Lastimosamente después de cinco segundos me daba cuenta que el abrazo tenía un cuchillo de por medio. Y que muy aparte del hombre, había otro que también me abrazo y se puso al otro costado. Es decir me pusieron al medio de entre tanto abrazo como esos amigos que se miran a los tiempos.    

En tono muy bajo me dijo que no me preocupara que no me hacían daño si les daba la maleta de viaje y todo lo que tenía en los bolsillos. No atine más que a esbozar una tonta sonrisa nerviosa y les dije claro no hay problema. Y en cuestión de segundos abandonaron el lugar y me dejaron sin un documento,  dinero y ropa. Para colmo estaba en país extraño al mío. En estos momentos es donde las vivencias y la experiencia tenían que servir de algo, entendí porque se hallan ciertas personas en un terminal de autobús con cara de desesperación y angustia. Así me sentí yo perdido y confundido. Por suerte ni los asaltantes ni yo nos dimos cuenta que en un bolsillo tenía un celular viejo que lo tengo de respaldo, uno de esos desechables que no valen nada, pero celular al fin.

En las cosas que me robaron estaba mi cartera con todos mis documentos y el dinero que siempre se separa para los pasajes, comida y toda mi ropa. Para colmo el celular estaba descargado pues la anterior noche me olvide de cargarlo. Y me quede como estaba vestido con una camiseta y jean, ni pensaba ese momento en el frió y lluvia del largo viaje. Considere en varias opciones para retornar, una de ellas llamar a mi familia que me envíen  dinero  pero había un pequeño problema,  estaba en una ciudad donde no conocía a nadie ni la ciudad misma. No tenía un documento que compruebe mi identidad y pensaba a nombre de quien mandar el dinero si no puedo retirar, Además de alguna forma tenía que hacer amistades y de confianza para que envíen el dinero a nombre de esa persona. Bueno esta opción tenía muchos inconvenientes que ese momento no los veía fáciles de sobrellevar.

Era la primera vez en mi vida, que me pasaba algo así. Al principio me sentía tranquilo, confiado que algo se me ocurriría, pero ya después pasaban  las horas  y la opción ideal no llegaba. Comencé con algo de desesperación, sobre todo porque los buses que partían  cada vez se hacían más distantes en horario y pensaba que llegada la  noche que me hacia allí. Así que no me quedo más que  buscar al conductor del próximo bus y contarle cual era mi condición y si podíamos llegar a un trato. y sería con lo único que poseía que era ese celular viejo. Hable en realidad con algunos chóferes, los cuatro primeros hicieron como que yo era fantasma, ni me escuchaban ni me veían.

Si han visto un perro asustado entre los autos de una carretera, así mismo me sentía. Imagino como estaría mi cara, que el quinto chófer sólo me quedo mirando algo asombrado pero igual no me dijo nada. Luego de treinta minutos se acercó este último conductor, y me dice “En media hora salimos este pendiente”, Oí esas palabras mágicas  y me regresó el alma al cuerpo, tenía una felicidad sin nombre. El hambre era lo de menos, solo pensaba que ya por lo pronto estaría ya más cerca de la frontera de mi país. Bueno no tan pronto me faltaba como 18 horas de viaje. Y este tramo solo duraría 9 horas. Aún sentía desesperación porque no sería el único autobús que debía tomar.

En esa media hora que faltaba imaginaba que todo el mundo se fijaba en mí y no era verdad. Más bien estaba traumatizado, y era entendible fue la primera vez que algo me pasaba  de esa magnitud. Muchas personas salen de estos problemas como MacGiver pero yo no era él. Siempre viaje seguro, he sido muy cuidadoso y estar en esta condición no fue nada fácil. Pero bueno ya veía una luz al final del túnel.

Continuará...

 

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