Un asalto cariñoso (II)
Sentado ya en mi asiento y con la mirada casi fija, solo esperaba que nada más suceda, comenzó a llenarse el autobús de pasajeros, Cuando oí tras mío un acento característico de los que habitan al sur de mi país, efectivamente era un coterráneo que estaba feliz con su esposa y cuñado regresando de unas vacaciones. Me enteraba porque el hombre estaba como rememorando a su cuñado todo lo que vivieron en esos días. Ya saben que un bus casi no hay intimidades. De alguna forma me sentí un poco aliviado, al menos una llamada de celular o algo similar me podía brindar más adelante. Opte ese momento por no molestar, ni interrumpir su conversación.
Me diferenciaba de los que viajábamos porque todos tenían maletas, botellas de agua, cosas así, y yo no tenía absolutamente nada en mis manos. Bueno al menos en esos instantes no tenía ni sed, ni hambre. Solo una angustiante espera de ya partir y que no pase nada más en el viaje. A los minutos siguientes se sienta una muchacha en mi asiento contiguo. Por lo general cuando viajo y tengo alguien a mi lado que no conozco, si no me da pautas para conversar, no lo hago. Y con todo lo que me paso tampoco tenía intención de conversar. Por fin llegó la hora de partir, pero sabía que aún faltaba 8 o 9 horas de camino para llegar al primer trayecto. Pero ya di el primer paso y entro en mi algo de alivio.
Estaba cansado con mucho estrés a flor de piel porque sabía que en algún momento llegaríamos a un retén policial y ahí tenía un evidente problema de papeles. Y, ni habíamos recorrido 20 minutos y pasó. Llegamos al primer retén y dentro de mí ya pensaba cual sería mi argumentación para disculparme por no tener los papeles. Pero cuando uno está con el santo de frente, sólo se llama milagro. Nos hicieron bajar del autobús y no revisaron papeles, sólo maletas, que les parece la buena vibra que me estaba apareciendo. Y es aquí en este episodio cuando empecé a conversar con mi coterráneo. Fue una descarga emocional que me libero mucho, me sentía más aliviado. Le comente todo, se sorprendió y bueno algo de ánimo me dio. Al menos sentía que si me pasaba algo más, podía confiar en él para que mi familia se entere.
Y como es un bus, el compañero de viaje a su lado se enterara de todo lo que se dice. Así que mi compañera de viaje se enteró y lógicamente también se sorprendió y me cruzó las primeras palabras de aliento. Ya sentía algo de respaldo moral al menos y también me sentía menos estresado. Más adelante no sé en realidad qué sucedió, o fue la mano del santo que venía acompañándome o fue el chófer no estoy seguro.
Llegamos al segundo retén y entraron dos militares, ya no eran policías, y emepzaron a revisar papeles asiento por asiento. Pensaba que llego la hora de afrontar el problema de los documentos. Uno de ellos se quedó casi cerca del conductor y el otro empezó desde atrás para adelante a revisar. Estaba sentado como por el medio del bus. Y paso lo sorprendente, el militar no me reviso ni a mi ni a mi compañera, paso de largo. Ese momento me paralice no hice ni un solo movimiento, no sabía si estaba haciéndolo al azar o simplemente no lo hizo. De todas formas no quería hacer ningún movimiento que denote mi nerviosismo.
Ahora estoy casi convencido que no fue un milagro, creo que fue el chófer quien advirtió que fui asaltado y me ayudo. Hasta el día de hoy no lo sé con seguridad. Pero si fue él quien intercedió por mí, este es el momento de agradecerle. Lastimosamente por mi grado de estrés no lo hice cuando llegamos al destino.
Mi ansiedad y el cansancio hicieron que por breves minutos cierre mis ojos, pero cada vez que se detenía el autobús, inevitablemente me despertaba. Tenía la sensación que llegábamos a otro retén, pero esta vez no era el caso. Había transcurrido el tiempo y era la hora de almorzar, pero estaba sin dinero y tampoco era mi preocupación esos momentos. Opte por cerrar mis ojos y esperar que la gente que bajó, regrese para continuar el viaje.
He viajado cantidad de veces en autobús, pero esta vez fue muy especial. No tenía el control de nada, y pensaba que era mejor mantener mi perfil muy bajo, casi no hable mucho. Sólo explique lo esencial a mi compañera de viaje y mi coterráneo. En estos instantes cuando uno está solo y medio en problemas, es cuando se acuerda de la familia, no debería ser así, pero así es.
Continuará...
