Perdón... ¿Qué... qué? (II)
Entrando me percate que había dos mesas, una muy cerca de la puerta de ingreso y otra más alejada. No pude ver realmente si iban a entrar o no. Pero para nada me sorprendió que entraron tras de mí y además que habiendo espacio en otras mesas se sentaron justo en la mía. Con la experiencia que se tiene sabía que algo bueno no pasaría. Así que me prepare mientras venia el mesero que debía estar alerta. Lo más común es que te quieran drogar de alguna forma y por cierto hay muchas formas. Lo mejor es no tocar nada ni papeles que te puedan dar y peor ingerir algo que te brinden. Mejor dicho estaba en alerta total.
Esos momentos se piensa tantas cosas, que la verdad de sentarme a comer tranquilamente se me trasformó en estar a la expectativa de con que me saldría esta señora. Pedí un café y una sándwich que era lo que estaba buscando no quería algo más pesado. Mientras la señora sacaba su cartera y se notaba claramente que sumaba monedas para poder alcanzar un café. Debió no tener más porque creo que vio hasta el fondo de su cartera. Ya me animaba a pagar su pedido pero preferí esperar. Después que se fue el mesero fue el momento mas feo, no sabía qué hacer ni para donde mirar. Esos tan incómodos momentos se cura a veces con mirar el celular y hacerse el ocupado.
Pero apenas sacaba mi celular del bolsillo alce la mirada y por curiosidad quería saber que hacia la chica, cuando veníamos caminando de lejos la vi como una niña algo alta. Y ya estando frente a ella efectivamente era una niña como de unos 12 o 13 años algo alta pero niña al fin. Aquí lo raro era que de alguna forma movía las cejas, como diciendome algo no sabia si era algún tic o realmente me quería decir algo. Pero ese mismo momento la señora también me clavó la mirada, Y no solo me clavó la mirada me dijo en voz baja pero tono agudo. “Le ofrezco a mi hija”. Dentro de mí oí eso, pero como que no quería aceptar, hasta le daba mi interpretación. Pensé que quería que yo le de trabajo o cosas así. No quería entender que lo que me dijo era exactamente lo que me imaginaba.
Alcance a responder Perdón… ¿Qué. Qué? Sinceramente me dejo helado, quieto, inamovible. Y lo volvió a repetir “Le ofrezco a mi hija”. Ya no tenía ninguna duda de lo que significaba. Aunque desde un inicio no tenía la duda, pero daba largas a mi entendimiento. Me calle por un minuto y miraba a la chica ver que actitud tomaba. Solo bajo la mirada como aceptando los negocios de su mamá. Lo que si estaba claro desde el inicio es que no tenían más que un dólar para pagar su café. Y me dio rabia que una madre venda a su hija para que tenga algo de comer o saciar sus drogas, no sé al fin para que seria ese dinero. Y lo segundo que sentí era pena por ambas, porque sea como sea su vida no tenían para comer. Estaba tan impactado que al momento pensé en ir con el dueño del establecimiento y denunciarla además con la policía.
No tenía muchas opciones. En eso de estar impactado y con mi cerebro en corto circuito, vino el mesero con mi café mi sándwich y el café de la señora. Antes de denunciarla, mi siguiente paso era brindar mi sándwich a la niña. Siempre pienso cuando viajo, en ofrecer agua al sediento y pan al hambriento si veo un caso muy extremo, y no es porque así nací buena gente. En la historia que les conté antes sobre cómo me asaltaron, ese momento asomó un ángel que me ayudo. Así son los ángeles no están en el cielo, aparecen delante de ti cuando los necesitas el rato menos pensado. Mientras la niña comía, lo siguiente que hice fue preguntar "Señora porque lo hace, antes que yo la denuncie quiero que me explique"...
La señora ante mi reacción se puso muy nerviosa, porque tal vez estuvo acostumbrada que algún turista o de la localidad le diga bueno cuantos es y cerramos el trato o le diga simplemente no y ahí se acaba su problema. Pero lastimosamente yo no era el indicado para que me ofrezca tales tratos.
Continuará…
